Publicado el 14 de marzo de 2025 Por Paula Aguilar Morales Prevención de fraudes digitales

Seguridad en apps bancarias: hábitos que reducen riesgos

Controles básicos antes de operar desde el celular

Persona configurando la seguridad de una aplicación bancaria en su teléfono

La comodidad de operar desde el celular también abre la puerta a riesgos que conviene anticipar. No se trata de vivir con miedo ni de volver a la sucursal cada vez que hay que pagar un servicio, sino de ordenar algunos ajustes antes de que aparezca el problema. La mayoría de los incidentes que llegan a los canales de reclamo empiezan por algo simple: una contraseña repetida, un enlace abierto sin mirar la dirección o un código de verificación dictado por teléfono.

Empecemos por lo que se configura una sola vez. La autenticación en dos pasos debería estar activa en todas las billeteras y homebankings que uses, incluso en las que abrís cada tanto. Conviene revisar la lista de dispositivos vinculados: si aparece un teléfono que no reconocés o un modelo viejo que ya no usás, hay que desvincularlo en el momento. Las alertas por movimiento, por su parte, sirven más de lo que parece. Recibir un aviso cada vez que se debita algo permite notar un cargo raro en minutos, no a fin de mes cuando ya es tarde para reclamar con margen.

Después está el terreno de los mensajes. Los intentos de fraude suelen llegar disfrazados de comunicaciones del banco: un SMS que avisa de una supuesta operación sospechosa, un correo con un enlace para "verificar la cuenta", un llamado que pide confirmar datos por una compra que nunca hiciste. La regla es sencilla: ninguna entidad seria pide por teléfono o por correo tu clave, el token, el número completo de la tarjeta ni el código que llega por mensaje. Si el mensaje apura, amenaza con bloqueos o incluye un link acortado, mejor cerrarlo y entrar a la app por tu cuenta para chequear si hay algo real.

Si sospechás que alguien accedió a tu cuenta sin autorización, el orden de los pasos importa. Primero, cambiar la contraseña desde un dispositivo propio y cerrar todas las sesiones activas. Segundo, llamar al banco o a la billetera por el número que figura en el reverso de la tarjeta o en el sitio oficial, nunca por el que apareció en el mensaje dudoso. Tercero, guardar capturas de los movimientos desconocidos y hacer la denuncia formal: sirve como respaldo si después hay que discutir un reintegro. Cuanto antes se hace, más margen hay para frenar la operación.

Nada de esto elimina el riesgo por completo, pero reduce bastante la superficie de ataque. Son hábitos, no trámites heroicos: revisar los permisos de las apps que instalás, evitar operar desde redes wifi abiertas en la calle, mantener el sistema operativo actualizado. Con eso ya estás en una posición bastante mejor que la del usuario promedio.

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